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La hora de la blogsfera

Documento Tamarán (edición 2005)

Indice

  1. 1989 -1998
    • A la defensiva en un mundo nuevo: “bajo toda arquitectura informacional se oculta una estructura de poder.”
  2. 1998 – 2004
    • Creando redes. Construyendo conceptos: “El futuro influye más en el presente que el pasado
    • En la pluriarquía: Netizens y netócratas. “Ser en la red distribuida
  3. 2004 – 200¿?
    • Del 11M a Ryad “En la sociedad red de la manera más terrible
    • La revolución de las redes y la blogsfera: “El primer medio global de comunicación distribuida
  4. ¿Qué es Ciberpunk (hoy)?: “In blogs we trust

Lo que te aprestas a leer es una historia, una narración, el relato de un viaje a través de la naciente Sociedad Red, que para algunos de nosotros empezó en Berlín, en el año 1989 y que anda muy lejos de llegar a su destino final. Este viaje nos ha llevado a las calles de Madrid, a Kiev, a Tánger, al valle de la Bekaa, a Mataró, Atarfe , Aldeacentenera… y a nuevos territorios digitales. De algún modo, es natural que un Documento de Identidad de Ciberpunk sea un relato, eso es coherente con cierto código genético colectivo de un grupo que tiene su origen en un puñado de narradores inquietos. Porque además, narrar significa tratar de comprender.

Hemos hecho amigos y hermanos en este viaje, y nos hemos encontrado enemigos también, en un entorno que se mueve a la vez que nosotros y más y más rápido. Porque este es también un viaje en el tiempo.

Enfrentarrnos a un mundo en cambio acelerado, y a nuestro propio cambio personal, nos exige un esfuerzo de reflexión del que surgen conceptos, ideas, que nos ayudan a orientarnos. Estos conceptos, estas ideas, no son principios sacrosantos ante cuyo altar sacrificar nada. Son, por el contrario herramientas, útiles para desbrozar la maraña y abrir caminos transitables. A nosotros nos sirven, forman parte de nuestro desarrollo personal y colectivo y deseamos compartirlos. Todo viaje transforma al viajero, es un viaje interior; a fin de cuentas, lo que vamos descubriendo por el camino cambia nuestra visión del territorio y la propia visión que de nosotros mismos tenemos.

Pero habíamos quedado en que esta era la historia de un viaje, así que, empecemos por aquel lugar donde todo empezó.

1989-1998

A la defensiva en un mundo nuevo : “bajo toda arquitectura informacional se oculta una estructura de poder”

1989, en los días de la caída del Muro, Berlín es el centro del mundo. Un gran sumidero por que el que desaparecerán bajo los cascotes 40 años de Guerra Fría, símbolos y miseria. A poca distancia del Muro, en las zonas alternativas de aquel cogollito bullente, teníamos nuestra primera conexión a Internet. Disfrutábamos por primera vez la sensación de las redes, esa nueva libertad que convertía en real aquellos juegos de rol de los que éramos practicantes habituales. Redes de personas, (los ordenadores en Internet son herramientas no sujetos), que no respetaban aquellas rígidas fronteras físicas, ideológicas y sociales que a pocos metros de nosotros caían a pedazos. Ninguna ideología tradicional había predicho aquello, ni la velocidad con que se produjo. Había que vaciar la biblioteca y comenzar de cero, o casi. Buscar nuevos referentes que valieran en cualquier parte del mundo, que reconocieran sus propias limitaciones para entenderlo.

Lo único entonces, que se acercaba siquiera a retratar el nuevo mundo que se estaba formando era una nueva literatura que venía del otro lado del Atlántico: el ciberpunk. Ciencia ficción que retrataba aquel mundo a medio cocer que se formaba ante nuestros ojos y en el que el futuro, los futuros en los que nos habían educado la mirada, desde el socialismo de estado a la guerra nuclear quedaban atrás como trastos viejos.

Si la alta cultura, la buena, aquella en la que nos habían educado y habíamos estudiado con devoción de estudiante de madrasa, no se había enterado de por dónde iba el aire, lo primero que teníamos que hacer era entender porqué. La música, el teatro, la novela que entonces veíamos como gran cultura no tenían una influencia real en el consumo o la cotidianidad del mundo desde principios de siglo. Era un territorio de críticos y élites que compraban con la obra la pertenencia a un grupo de prestigio. En artes plásticas, seguramente las más avanzadas en este proceso de separación de la realidad, los críticos y los mercados valoraban las obras no como objetos de consumo que reportaran más o menos placer, sino por su futura influencia sobre las futuras vanguardias, es decir, como documentos de una evolución artística que no tenía nada que ver con la evolución real del mundo. El mercado plástico se había convertido en un mercado de futuros sobre antigüedades y al hacerlo había convertido en antigüedades prematuras a todas sus creaciones. Todo el pensamiento ligado a esas formas artísticas, toda la gran cultura europea no podía servir para entender algo diferente a su propio aislamiento.

¿Dónde mirar?. La alternativa era obvia: la cultura de masas. Pero la cultura de masas era el terreno de un nuevo monstruo: los oligopolios mediáticos. El cine, la televisión, la publicidad, la música popular… estaban filtrados por sus propios difusores y difícilmente podrían haber llegado a predecir nada, no digamos a ofrecer algo nuevo. Sólo el cómic y la novela pulp podían generarse y alcanzar una difusión real desde las redes. La naciente Internet les daba además posibilidades increíbles: ¡¡Eliminaba los costes de impresión y distribución!! los últimos lazos de dependencia con el mundo industrial. No era casualidad que sólo entre los autores ciberpunk encontrásemos un reflejo de nuestro mundo.

Con aquella motivación además no podíamos concebir la literatura ciberpunk más que como un símbolo, una maqueta de un planteamiento ideológico, una suerte de desarrollo orgánico efectivo de ideas políticas. Entendíamos nuestros relatos, como los de Gibson, Sterling o poco después Stephenson y Cadigan, como modelos analógicos, escenarios sociales en los que la plausibilidad del relato servía para mostrar la plausibilidad de la evolución social real hacia tal o cual cosa. Los ciberpunks escribimos muchos relatos aparentemente intrascendentes y ensayos ligeros, sobre todo si los contrastamos con los plumbeos y esotéricos análisis de la progresía intelectual europea. Basta contrastar nuestra enredadera con el rizoma de Deleuze y Guattari, o la relación entre el público y nuestras novelas con las de Wu-Ming (un Negri colectivo y pedagógico propio de los días de la Revolución Cultural) para darse cuenta de que nuestra reivindicación de la cultura de masas no tiene nada de la lógica agitprop del bolchevique, el antiglobi o el cristiano comprometido, todos con su solidaridad de intelectual que se acerca al pueblo, sino que es nuestro terreno natural de comprensión y actuación en el mundo… como el de la mayoría de la gente.

Pero la inmersión en la ciencia ficción tiene consecuencias. A mediados de los 90 la revolución Internet empieza a llegar a España. Aparece entonces Ciberpunk.com, como un ezine de ciencia ficción y pensamiento. La omnipresencia del cambio tecnológico en la actualidad relatada por los media, unida a las primeras experiencias profesionales y laborales en la red de miembros del grupo, van transformando y acelerando nuestras vidas cotidianas y con ellas nuestra visión del mundo. Como escribe Gibson, teníamos la sensación de vivir en

un perverso experimento de darwinismo social, ideado por un investigador aburrido que mantuviese el dedo permanentemente apretado en el botón de avance rápido.

La lógica inicial del grupo, y del ciberpunk en general de la primera mitad de los noventa puede resumirse en la máxima principal del grupo, que ha encabezado nuestras publicaciones desde el 89 hasta hoy:

bajo toda arquitectura informacional se esconde una estructura de poder.

De un modo imperceptible, la fusión de vida, trabajo y red, nos llevaba a la fusión de literatura y puntos de vista políticos. Nos tornamos inclasificables desde el punto de vista del eje derecha-izquierda, así como en relación con los referentes intelectuales en los que éste se apoya, y sentimos a nuestra vez ajeno y extraño ese eje, un mito inútil más, una cáscara de las muchas que han sobrevivido, vacías, al 89. Nos resulta imposible encerrarnos en un eje lineal, porque nuestras vidas son multidimensionales, multidireccionales.

La clave está en que al construir desde mitos de futuro, la tecnología se nos presenta tan importante para las libertades en el siglo XXI como lo fuera la economía en el veinte o la formación de los estados nacionales en el diecinueve. Algo que a fin de cuentas ya estaba implícito al decir que bajo toda arquitectura informacional se oculta una estructura de poder.

Paradójicamente para un movimiento nacido en la revolución, nuestra lógica era defensiva, al modo de las oscuras distopías del ciberpunk literario de la época. Entendíamos que tecnología no era neutral, que el poder tecnológico en manos de grandes empresas y estados, es decir, de aquellos que monopolizaban el poder económico, mediático y político, podía ser sumamente peligrosa para las libertades individuales. Pero no entendíamos todavía que había una forma emergente en la estructura informacional, las redes distribuidas, que lo cambiarían todo. Eso puede verse bien en la siguiente declaración que inauguraba ciberpunk.com todavía en 1996:

Muchas veces vemos asociados ciberpunk, hacking y criptografía, esto es porque en realidad hacking y criptografía son dos caras de un mismo movimiento frente a las posibilidades totalitarias de las tecnologías de la información: Si el hacking busca liberar la información (¡¡La información quiere ser libre!!) como forma de minar el poder de su concentración por parte de los grandes grupos de poder, el cifrado y la criptografía protegen al individuo de estos mismos poderes en su intento de violar la intimidad para aumentar su poder de control social.

Esta visión, de resistencia, entró en crisis tras la guerra de Kosovo en 1998 y el papel del cracking en ella.
“La épica soñada de los vaqueros de consola en Neuromante es un callejón sin salida” escribíamos. Nos acercamos entonces al movimiento del software libre, a las licencias GPL… empezábamos a entender que se nos venía encima un nuevo mundo, un nuevo modelo social, la Sociedad Red y que no era otra cosa que el paso de un mundo basado en redes descentralizadas y jerárquicas a un mundo de redes distribuidas. La propia historia de Internet nos llevaría a ver las cosas más claras.

1998-2004

Construyendo conceptos, creando redes: “El futuro influye más en el presente que el pasado”

Estamos ya a finales de los noventa: la fascinación por las posibilidades de Internet va dejando paso a su integración en la vida cotidiana, la época de los pioneros queda atrás. En Internet se ve que el negocio no va a estar en el acceso. Los grandes consorcios mediáticos optan por una nueva estrategia: convertir la WWW en un medio tradicional, dividido entre unos cuantos emisores corporativos y una masa de receptores/consumidores pasivos. Para ello aprovecharán las grietas que la tecnología web ofrece para generar barreras y convertir en coto privado un mundo abierto. Internet se convierte de repente en un campo de batalla abierto por tres frentes en los que el viejo poder intenta aprovechar:

  1. La ausencia de regulación estatal (Internet es algo por definición no estatal, sino civil y privado), empujando al estado a restringir las libertades que las nuevas tecnologías abrían.
  2. El atraso tecnológico de los países de la periferia: incorporando a la red a los newbies desde campañas de publicidad masiva y aplicaciones parciales de la red, usando la inmigración masiva de gente joven y de bajo nivel tecnológico como marea en la que ahogar el incipiente movimiento civil del ciberespacio.
  3. Audiovisualizando la web. Spameando a la opinión pública con el mensaje de que lo interesante de la web eran sus potencialidades audiovisuales, un terreno en el que producir no es algo abierto: no se puede hacer cine, ni competir con las grandes cadenas televisivas a base sólo de buenas ideas. Se trata de convertir la web en una televisión sofisticada reproductora del sistema tradicional emisor-receptor, donde unos opinan, publican, venden… y otros consumen, callan, compran, trasladando a la red la “lucha por las audiencias” propia de los medios de comunicación tradicionales.

Esta última estrategia dio lugar a un montón de nuevas tecnologías, y entre las de más éxito el famoso Flash de Macromedia. Pero audiovisualizar significó de paso infantilizar. Poner dibujitos en lugar de hipertexto. De forma suicida los grandes portales remataron la jugada al modo de las cadenas de televisión: se aislaron y pasaron a no enlazar a nadie fuera del grupo mediático o financiero de turno.

Una de las consecuencias más interesantes de esta estrategia de audiovisualización fue que las grandes webs comerciales desaparecieron de los buscadores: los robots no saben leer dibujitos en Flash. Cuando la publicidad off-line desapareció de los macropresupuestos, eso significó desaparecer del mundo red. Los buscadores y sobre todo Google (que entonces parecía un vengador y no un peligro), se configuran como el índice de la WWW, el mapa del universo.
Aislados y vacíos, los grandes portales desaparecieron uno a uno. Los newbies fueron convirtiéndose a la cibercultura de a pocos. Esta fue la clave de la batalla. Su punto álgido. Chavalitos de 18 años sin casi conocimientos tecnológicos, muchas veces sin saber siquiera editar en XHTML se incorporaban masivamente al movimiento blogger.

Pioneros contra empresarios. Consorcios contra hackers. Ciberactivistas contra operadoras y estados reguladores. Durante tres años la prensa se hará eco de cada movimiento de las tropas, de cada refriega y combate. Para finalmente, reducirse a un interminable y constante goteo de bajas: quiebras, cierres, bajones bursátiles. La fantasía puntocom muere en algún momento entre 2000 y 2001. Las sucesivas caídas del NASDAQ serán su toque de difuntos. El fin de la prensa tecnológica de negocios y el nacimiento del movimiento blogger confirman que el primer enfrentamiento entre la naciente netocracia y los monopolios se salva con una victoria para los primeros.

En el análisis damos un paso adelante entendiendo la relación entre poder y redes: en la batalla de las puntocom se confrontan dos arquitecturas de información, dos estructuras de poder. Redes descentralizadas (donde unos cuantos nodos más o menos conectados entre si emiten para una masa de receptores pasivos) frente a redes distribuidas (la web y especialmente la entonces naciente blogsfera), donde todos los nodos son emisores y se conectan directamente entre si, creando una esfera informativa mucho más robusta, donde la caída (censura) de un nodo no puede modificar el flujo de información.

Fundamos entonces, corre ya el 2002, Ciberpunk como asociación registrada legalmente en España, originalmente para tener una cobertura con la que dar cursos de alfabetización digital. El objetivo es formar emisores, dar la formación mínima para empezar a emitir. Pronto nos veremos envueltos acciones de más calado, desde organizar la protesta contra el proyecto de ley de cibercafés en Madrid, a organizar el primer Google bombing político exigiendo responsabilidades políticas por el desastre del Prestige.

Los primeros y sorprendentes éxitos nos van llevando poco a poco a la idea de que el mito del futuro puede sustituir a la invención del pasado como base para la creación de las nuevas identidades colectivas. “El futuro influye más en el presente que el pasado” escribimos. Nuestros textos mudan poco a poco de la distopía resistente al optimismo, paralelamente al avance de los dos grandes fenómenos del periodo: el avance del software libre con la primera popularización de GNU-Linux y el nacimiento de la blogsfera.

Es entonces cuando empezamos a pensar que hay una base común que mueve el avance tecnológico hacia un punto en el que necesariamente tiene que poner en cuestión la estructura de la red social y el sistema de legal de propiedad sobre la creación, la mal llamada “propiedad intelectual”.

“El mundo tiende a organizarse cada vez más al modo de una comunidad de software libre” -esto es, como una red distribuida que crea de forma colectiva productos que pasan al dominio público- “y existe una razón económica profunda para ello: al tener cada día más valor en la producción global los componentes científicos y creativos, la organización de esa producción tiende hacia las formas propias del trabajo académico y artístico, la Academia y la República de las letras” y esas forma no es otra que el copyleft [dominio público], la reducción de la propiedad intelectual al reconocimiento moral de la autoría.

Lo esencial de los dos años que van desde nuestro primer intento de registro como asociación legal hasta el 13M se puede resumir en cinco puntos:

  • Empezamos a entender con mayor profundidad que hay un cambio de base, de una sociedad basada en redes informacionales descentralizadas (como los medios de comunicación de masas o la estructura de las empresas) a otra basada en redes distribuidas (como la blogsfera, la WWW o las comunidades de software libre)
  • Que todos estos cambios tienen un fundamento común (el incremento constante durante casi medio siglo del componente creativo en el valor de la producción) que impulsa el cambio tecnológico hacia tecnologías de emisión recepción de información distribuida
  • Tecnologías que inevitablemente producirán tensiones con el viejo sistema, tensiones tendentes a destruir el sistema de “propiedad intelectual” no sólo en el software, sino en todos los campos, cambiando al tiempo desde los referentes morales a la estructura urbana, desde la ética del trabajo a la organización de la producción o la división internacional del trabajo.
  • Que estas tensiones, estas tendencias no triunfarán por si mismas, de un modo determinista y mecánico. El futuro no está escrito. Y si lo escribimos es para acercar el futuro deseado influyendo en el presente. No sólo hay que “resistir”, sobre todo hay que construir entornos de red distribuidos aquí y ahora.
  • Porque hay una posibilidad abierta por la tecnología y la estructura de red distribuida que impulsa, algo que llamamos, siguiendo a Castells aunque apuntando tal vez más lejos, Sociedad Red, aunque más valdría llamar, la Sociedad de las Redes Distribuidas, que merece la pena construir.

En la pluriarquía: Netizens y netócratas: “Ser en la red distribuida”

No estaremos solos, durante estos quince años un número creciente de personas han empezado a llevar parte de sus vidas en entornos sociales e informacionales distribuidos. A esas personas les llamamos netócratas (les llamaremos netizens) y estarán directamente ligados al desarrollo de la blogsfera e Internet. Son los herederos de la cultura hacker descrita por Raymond y sobre todo por Himanen. Los experimentadores de una nueva forma de libertad.

Porque “Libertad” en las redes distribuidas tiene un significado muy específico: individualización e independencia respecto de las instituciones. Internet, como red distribuida, ofrece de modo efectivo numerosos modos de explotar la identidad individual y también una nueva manera de contrarrestar el peso de las instituciones: no individualizándolas, sino institucionalizando el individuo. Suena retorcido, pero no lo es.

Podemos publicar y llegar a un público afín (construyendo por tanto una identidad) sin tener un periódico, siendo periódico nosotros mismos en la web. Podemos lanzar un programa y hasta un sistema operativo, contar con decenas de colaboradores en todos los ámbitos e incluso llegar a convertirlo en un estándar sin tener una multinacional del software. Podemos abrir un centro de estudios o de documentación sin ser una biblioteca o disponer de una universidad. Podemos editar libros y discos del mismo modo, poner en marcha movilizaciones sociales, modas o identidades… da igual, lo radicalmente nuevo es que no necesitamos de la mediación de las grandes instituciones que hasta ahora habían dominado nuestras vidas.

Ser en la red distribuida supone poder actuar como muchas instituciones y no sólo como muchas identidades. En el límite somos muchos en uno: identidades e instituciones.

La institucionalización del individuo redefine por tanto el “ser” en la red: necesitamos de los demás en otra forma radicalmente diferente. De hecho podríamos definir la red precisamente a partir de esta forma de relación en la que como dicen Alexander Bard y Jan Söderqvist, “todo actor individual decide sobre sí mismo, pero carece de la capacidad y de la oportunidad para decidir sobre cualquiera de los demás actores”. En este sentido se manifiesta el que toda red distribuida es una red de iguales.

En un sistema así la toma de decisiones no es binaria. No es “si” o “no”. Es “en mayor o menor medida”. Alguien propone y se suma quien quiere. La dimensión de la acción dependerá de las simpatías y grado de acuerdo que suscite la propuesta. Este sistema se llama plurarquía y según los mismos autores “hace imposible manterner la noción fundamental de democracia, donde la mayoría decide sobre la minoría cuando se producen diferencias de opinión”. Aunque la mayoría no sólo no simpatizara sino que se manifestara en contra, no podría evitar su realización.

Con un sistema así es comprensible por qué en las redes no existe “dirección” en el sentido tradicional, pero también por qué inevitablemente surgen en su interior grupos cuyo principal objetivo es dar fluidez al funcionamiento y los flujos de la red. Son grupos especializados en proponer acciones de conjunto y facilitarlas. No suelen estar orientados hacia fuera sino hacia el interior, aunque inevitablemente acaben siendo tomados, desde fuera, por la representación del conjunto de la red o cuando menos como la materialización de la identidad que les define. Estos grupos son los netócratas de cada red, sus líderes en el sentido estricto, pues no pueden tomar decisiones pero juegan con su trayectoria, prestigio e identificación con los valores que aglutinan la red, a la hora de proponer acciones comunes.

Es esta forma de organización lo que hace inaprensible el conflicto de red. Al carecer de una estructura estrictamente jerárquica que supervise y comunique, las viejas organizaciones sienten que sus antagonistas son cada vez más inaprensibles. La clave de las redes está en su identidad, en la existencia de un espíritu común que los netócratas modulan a través de mensajes públicos.

Nunca la tecnología había sido tan instrumental, tan poco protagonista por si misma como en los nuevos conflictos. Como escribían, ya en los 90, Arquilla y Ronsfeld:

La revolución informacional está cambiando la forma en que la gente lucha a lo largo de todo el espectro del conflicto. Lo está haciendo fundamentalmente mediante la mejora de la potencia y capacidad de acción de pequeñas unidades, y favoreciendo la emergencia de formas reticulares de organización, doctrina y estrategia que hacen la vida cada vez más difícil a las grandes y jerárquicas formas tradicionales de organización. La tecnología importa sí, pero supeditada a la forma organizativa que se adopta o desarrolla. Hoy la forma emergente de organización es la red.

En este mundo reticular, con una multiplicidad de agentes que actúan autónomamente, coordinándose espontáneamente en la red, el conflicto es “multicanal”, se da simultáneamente en muchos frentes, emergiendo del aparente caos un “orden espontáneo” (el “swarming”) que resulta letal para los viejos elefantes organizativos. Esta coordinación no requiere en la mayoría de los casos ni siquiera una dirección consciente o una dirección centralizada. Al contrario, como señalaba el propio profesor Arquilla: la identidad de red, “la doctrina común es tan importante como la tecnología”. La guerra en la sociedad red, la netwar, es una guerra de corso, en la que pequeñas unidades “ya saben lo que tienen que hacer” y saben que “tienen que comunicarse entre si no para preparar la acción sino sólo a consecuencia de ella y sobre todo, a través de ella”. En la definición de los sujetos en conflicto, lo implícito, es más importante en este tipo de enfrentamiento que lo explícito (los planes o estrategias de combate).

El swarming es la forma del conflicto en la sociedad red, la forma en que el poder es controlado en el nuevo mundo y al tiempo la forma en que el nuevo mundo logra su traducción de lo virtual a lo material.

En 2003 aparece, como consecuencia de toda esta reflexión sobre el conflicto en red y la plurarquía, un nuevo elemento en nuestra identidad que resulta esclarecedor sobre lo novedoso de nuestra posición y al mismo tiempo sobre la incapacidad de los viejos ejes ideológicos para definirnos claramente:

De todo este modelo social surge el libertarismo ciberpunk: se trata de llevar la libertad ensayada y vivida en las redes virtuales al mundo físico: abrir y desarrollar entornos pluriárquicos y actuar en ellos como una netocracia movilizadora y efectiva.

2004 – 200¿?

del 11M a Riyad: “en la sociedad red de la manera más terrible”

Con este aparato intelectual y esta identidad llegamos al 11M. En ese día y los siguientes vivimos la confirmación de que la Sociedad Red ya existía en nuestro país, y claramente con más potencia (tanto para el horror como para la organización civil) de la que nosotros habíamos valorado.

La comprensión y las consecuencias en nuestra actividad desde entonces han tenido dos ejes que corresponden con los dos días clave de aquella semana de marzo de 2004 en la que nos descubrimos en la sociedad red de la manera más terrible.

  • 11M: vimos la cara al terrorismo de red, una nueva forma de antagonista que se organiza como una red pluriárquica, donde los “responsables intelectuales” son una netocracia que muchas veces ni siquiera tiene contacto personal con los diseñadores y ejecutores de los ataques y cuyo sueño a largo plazo dar pie a un swarming generalizado de la comunidad musulmana global contra todo lo que represente el mundo abierto.

    Frente a este horror nos hemos dado como objetivo ampliar la mirada, favorecer la aparición de redes civiles distribuidas entre las comunidades inmigrantes y en los países musulmanes. Básicamente, fortalecer eso que hemos llamado la “revolución euromediterránea” y que los medios llaman la “revolución de la parabólica”, la formación de una esfera informativa que combinando un contexto informativo común (las noticias de los canales árabes por satélite) e Internet (con una naciente blogsfera en los países de tradición islámica) está dando pie por primera vez a una opinión pública prodemocrática a partir del debate de la generación de los hijos de inmigrantes magrebíes, pakistaníes y turcos en Europa con las nuevas clases medias de sus países de origen.

  • 13M: El swarming que se produjo en Madrid reproduce muchos elementos que hemos visto en las nuevas formas de conflicto entre sociedad civil y poder desde el 2000. Prácticamente idéntico en su estructura al EDSAII que sacó del poder al presidente Estrada en Filipinas (2000) y con notables puntos de encuentro con las “Revoluciones de Colores” y especialmente con el “Otpor” servio que llevaría a la caída de Milosevic (2001) y la recientes revoluciones “naranja” en Ucrania y “de los tulipanes” en Kirguizistán (2004).

    Tras el atentado (11 de marzo) y ante la inminencia de unas elecciones generales (14 de marzo), el gobierno intenta orientar a la opinión pública atribuyendo la autoría del ataque a ETA. Utiliza su influencia sobre la estructura de los medios de comunicación para transmitir esta versión que piensa le favorecerá electoralmente. Se ve entonces la limitación de las redes descentralizadas de información: una llamada de teléfono del Presidente Aznar bastará para que todos los grandes periódicos atribuyan a ETA la autoría en sus portadas.

    Sin embargo, la policía sigue desde primera hora ya otras pistas que orientan la idea de la autoría en otro sentido (AlQaida) y en este mismo sentido van las sospechas de la opinión pública en el resto del mundo. Internet y en especial la entonces aún pequeña blogsfera española servirán de base a un debate que los medios de comunicación tardarán demasiado en recoger.

    El flujo de Internet se multiplica por ocho. Sin embargo el tráfico hacia el exterior sólo lo hace un 8%. Esto ilumina una de las claves del swarming: en una red distribuida formada por clusters, subredes, basta que unos pocos conectores abran el flujo para que la información llegue a un cluster determinado (cambio de orden). Basta con que una pequeña cantidad de blogs transmitan y traduzcan lo que se discute en otras blogsferas de otros ámbitos lingüísticos para que la información acabe llegando al debate general… y en muy poco tiempo.

    De hecho este modelo se repitió socialmente. La blogsfera española era pequeña en aquel momento y pequeño era también su número de lectores. Era sólo un cluster -aunque especialmente activo- dentro de la red social global. Pero su debate se filtró al debate social a través de conectores, de activistas, de ciudadanos especialmente enfadados ante lo que consideraban una manipulación electoralista en un momento de dolor generalizado.

    Esta filtración es a su vez relativamente pequeña. Es la que se manifestará en la convocatoria espontánea mediante SMS de concentraciones en las puertas de las sedes del partido gubernamental (al más puro estilo de las revoluciones de colores).

    Finalmente, la materialización del descontento en aquellas movilizaciones de la noche tarde de la jornada de reflexión transmitirían al conjunto de la población -que esa misma noche tendría la noticia de las primeras detenciones de personas presuntamente vinculadas a AlQaida- la idea de que habían sido víctimas de una manipulación informativa generada por el gobierno y difundida por los medios. El swarming tocaba techo y se materializaba en un vuelco electoral el día 14. Se pasaba del “empate técnico” que auguraban los más aventurados, a una clara derrota del partido entonces en el gobierno.

    Lo que para nosotros había sido una posibilidad teórica era ya una realidad histórica: en España había tenido lugar un primer swarming civil contra el poder político. Y el origen había estado en la blogsfera, en el espacio informativo y social nacido del desarrollo de la WWW que había emergido al final de la fiebre puntocom, animándonos a convertirnos en asociación registrada legalmente y que para nosotros representaba una de las claves del ascenso de la Sociedad Red.

Tocaba redefinir Ciberpunk centrándolo aún más sobre la blogsfera. En julio de 2004, tras una serie de experimentos que habían comenzado ya en 2003, lanzamos Ciberpunk.net, un portal que agregaba automáticamente las entradillas de los últimos posts publicados por cada socio y cada nodo de nuestra red en su blog personal. En enero de 2005, David de Ugarte lanza un manifiesto que propone una estrategia de ciberactivismo basado en la generalización e internacionalización del modelo. A consecuencia suya aparecen primero nuevos blogs personales alguno de los cuales se integran en la página, que aúna ya los tres dominios estándar de ciberpunk (.com, .net y .org), bajo la rúbrica de ciberinvitados. Luego nuevas experiencias de agregadores: Formigues, impulsado por Pere Quintana como dinamizador en el espacio de lengua catalana y Riyad, iniciativa de Imane Courti que persigue dinamizar la blogsfera marroquí con nuestra experiencia y soporte.

La revolución de las redes y la blogsfera: El primer medio global de comunicación distribuida”

Siempre existieron redes sociales, pero no siempre han tenido la misma estructura. Lo que nos llama la atención y cambia el mundo no es el nacimiento de redes, sino el paso de un mundo organizado en redes descentralizadas (en el que cada nivel depende para conectarse con el resto del mundo de un nodo de un nivel superior de poder) a un mundo de redes distribuidas donde cada nodo tiene una multitud de caminos para llegar a cualquier otro y la información no puede ser filtrada o contenida.

El desarrollo del telégrafo en la segunda mitad del siglo XIX generó la aparición de una esfera pública internacional y descentralizada que ha dado forma a los movimientos políticos y al estado durante siglo y medio. Pero toda red globalmente descentralizada está localmente centralizada: grandes medios, estados nacionales, cúpulas partidarias y sindicales se configuran en este periodo como los grandes cancerberos de la información, como los grandes centros del poder. Frente a ellos, los individuos aparecen necesariamente atomizados, pues no pueden prescindir de su mediación para relacionarse con la red social en su conjunto.

La estructura de las redes de comunicaciones determina la forma en que la información se distribuye. Por eso es en realidad la principal estructura política, operando por debajo de los distintos sistemas y formas de organización estatal.
Ahora lo que ocurre es precisamente que está apareciendo una nueva estructura y nuevas posibilidades se abren.
Internet, especialmente la blogsfera aunque no sólo, y las redes de teléfonos móviles permiten y animan redes informativas distribuidas. Es esa transición de un mundo organizado sobre la información descentralizada a otro sobre redes distribuidas lo que está en el fondo de los nuevos movimientos políticos y las nuevas formas de organización social que caracterizan el comienzo del siglo XXI.

La gran red global de bitácoras (la “blogsfera”) representa el primer medio global de comunicación distribuida y reproduce todas las categorías generadas por la “ética hacker” que está en las mismas raíces de nuestro movimiento.

Recordando la caracterización de Himanen, en los blogs la vida personal del autor no se separa de la información general y la opinión, es decir, la vieja separación entre vida y trabajo, entre persona y “profesional” desaparece. Es además como red, un entorno pluriárquico basado en el prestigio, donde el móvil del salario se sustituye por el reconocimiento, el enlace, la cita… en la misma lógica, la blogsfera tiende a desarrollar una ética que puede considerarse un desarrollo de la “netiqueta”, la tercera característica de la ética hacker de Himanen.

Pero también, como plurarquía, la blogsfera es en si mismo un espacio político que genera sus netocracias para cada subred identitaria particular. La experiencia de las “Revoluciones de Colores” nos muestra como un blog, o un subconjunto de blogs pueden convertirse en si mismos en formas de organización de la disidencia alternativas a los viejos partidos políticos.

Pero además, la blogsfera tiende a expandir su propio ámbito aumentando la distribución del poder informativo, eliminando la separación emisor/receptor (es una red distribuida donde todos pueden publicar) característica de los medios de los modelos centralizado (ensayado en los países que sufrieron regímenes totalitarios como España) y descentralizado (modelo mediático anglosajón democrático)

La blogsfera es pues al tiempo un campo de experimentación y de batalla, el principal sitio donde a día de hoy nos jugamos quien protagonizará el poder de la información en un futuro cercano.

¿Qué es Ciberpunk (hoy)?

“In blogs we trust”

Ciberpunk es la asociación del movimiento ciberpunk español. Sin renunciar a sus orígenes como movimiento estético, está dedicada a la defensa de las libertades individuales y los derechos civiles en el ciberespacio, pero también a extender más allá de Internet aquellas herramientas de la red útiles para el ejercicio de esos mismos derechos y libertades. Queremos llevar la libertad ensayada y vivida en las redes virtuales al mundo físico: abrir y desarrollar entornos pluriárquicos y actuar en ellos como una netocracia movilizadora y efectiva.

Por eso Ciberpunk fomenta la extensión de la blogsfera y la distribución del poder ligado al desarrollo de Internet que eso supone.

Queremos un mundo donde desaparezca la división entre emisores y receptores, donde los medios de comunicación de masas no controlen en exclusiva la representación de la realidad y sean el poder. Queremos ese poder para la gente. Y la blogsfera ha demostrado y demuestra con todas sus consecuencias (13M, revoluciones de colores, caída de Estrada en Filipinas y hasta el maratón sin marcas de Gandía) que sirve para eso, es más, que es el único camino factible hoy para llegar ahí.

Ciberpunk nace de la reflexión generada por el grupo de escritores y lectores que desde 1996 se fue generando alrededor de Ciberpunk.com que había nacido a su vez de la evolución del primer grupo ciberpunk español (Berlín, 1989). En 2002 el grupo se constituyó como asociación en España y se registró con el número nacional 1702229
La asociación pretende servir a la reflexión sobre qué es y qué opciones ofrece la transición hacia la “Sociedad Red”, un modelo de organización social abierto como posibilidad por Internet y otras tecnologías de la información en el que las redes distribuidas sustituyen progresivamente a las descentralizadas.

En nuestra visión la Sociedad Red avanza poniendo en cuestión no sólo las estructuras de poder basadas en la mediación de la información, sino también la aplicación de reglas del sistema de propiedad de las cosas a las creaciones intelectuales y las ideas, dando paso a movimientos como el del software libre o la cultura libre, de los que nos sentimos parte y a cuyo avance queremos también contribuir.

Así, el viaje que iniciamos en Berlín en el 89 no llega a su fin, ni mucho menos, pero sí podemos decir que nos ha traído al espacio de la blogsfera, un espacio que, en la medida de nuestros recursos, contribuimos a crear y a extenderse, promoviendo redes y generando herramientas para las redes, y donde la libertad, tanto dentro como fuera de la Red, se la juega en un futuro inmediato, o, mejor dicho tal vez, en este presente extendido en el que nos movemos. Este presente continuo no está escrito, es una narración que debemos desarrollar entre todos, para que cuente la historia de nuestra libertad..